¿Se puede recuperar la confianza?

octubre 12, 2016by Soraya0

En días pasados el Fondo Monetario Internacional dio a conocer un informe sobre la actualización de sus perspectivas de crecimiento mundial; que vislumbra un escenario de crecimiento moderado y prevé que la economía mundial crezca este año 3.1%, un desempeño ligeramente menor al pronosticado en abril. Para la región la situación es aún más crítica; América Latina y el Caribe no espera crecimiento y México sería el país con mejor perspectiva en América del Norte. En este escenario de malas noticias económicas, ¿se puede recuperar confianza de los ciudadanos?

El organismo atribuye este debilitamiento a variables económicas: a los efectos de la caída de los precios de las materias primas en las economías exportadoras, al desplome de los precios internacionales del petróleo, y también a una tendencia global de proteccionismo y políticas aislacionistas. Pero los economistas estamos convencidos que otra importante razón por la cual la ciudadanía mantiene su descontento político, es una falta generalizada de confianza.
Tanto la votación de junio de este año por el “Brexit” en la que el Reino Unido decidió abandonar la Unión Europea, y la campaña presidencial en Estados Unidos donde uno de los candidatos mantiene como bandera el aislamiento de la economía más importante del mundo, son muestras del quebrantamiento del consenso en torno a los esquemas de integración económica multinacional, pero también a una falta de confianza sobre lo “ya establecido”.

A ambos casos habrá que sumarle uno más reciente, la votación del plebiscito de Colombia para formalizar la paz con el movimiento guerrillero, negociaciones que les habían tomado más de 4 años. Todos estos ejemplos son muestra de una generalizada falta de confianza de la población hacia los mecanismos institucionales. Da lo mismo que sean temas económicos o sociales, los resultados son similares: ausencia de participación de los jóvenes, incredulidad e irreverencia hacia el sistema, y un uso cada vez mayor de las redes sociales para comunicarnos y mal informarnos.

En México, la historia no podía ser diferente. Aquí expertos y amateurs hablan de la falta de crecimiento económico, pero nadie analiza que la expectativa apunta a que México tenga mayor desempeño que Estados Unidos que crecerá 1.6%; más que la zona del euro que crecerá 1.7%; más que Japón que prácticamente no crecerá; y mucho más que Brasil o Rusia que tendrán decrecimientos en sus productos internos brutos.

En desempleo la situación es aún más crítica. Mientras que México mantiene su desempleo alrededor del 4%, todas las economías avanzadas de Europa traen para este año un desempleo de casi 9%; España casi 20%; Grecia más de 23%. Incluso en nuestra región somos la economía con mejor desempeño en este rubro: Estados Unidos trae desempleo de casi 5%, Canadá 7%; Venezuela 18%; y hasta la pujante Colombia tiene casi 10%.

En este difícil contexto, las economías emergentes -como la nuestra- hemos tenido que adaptarnos a una lenta, frágil y dolorosa recuperación; procurando promover la aplicación de políticas que estimulen el crecimiento, pero que al mismo tiempo mantengan el equilibrio presupuestario.

Y es aquí donde la confianza se vuelve indispensable para la supervivencia de nuestras naciones. Antes que la irracionalidad siga dominando las decisiones de nuestros agentes económicos, debemos juntos discutir cuáles deben ser los nuevos motores que generen confianza en nuestra sociedad, identificarlos y fortalecerlos debe ser obligación de todos, especialmente del gremio de profesionales de la Economía.

Por último, no quisiera concluir sin hacer un amplio reconocimiento al doctor británico Oliver Hart y al finlandés Bengt Holmström, por haber obtenido el Premio Nobel de Economía 2016, gracias a sus aportaciones donde han estudiado, entre otras cosas, si la verdadera vocación de algunos servicios públicos deberían ser privados, como el caso de los hospitales o las cárceles; y también por sus importantes hipótesis sobre cómo fijar la retribución de los directivos de una empresa, de forma que se beneficie a los accionistas pero al mismo tiempo se eviten los conflictos de interés en este tipo de relaciones.

Soraya


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